Economía local sustentable, comercio y empleo justos

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En muchas ocasiones hemos hablado de los límites del sistema, de que este sistema nos llevó a esta situación extrema de cambio climático, de deterioro social, de dependencia económica, de dar la espalda a la naturaleza y de un consumo desbocado insostenible. Esto nos lleva a la impotencia de no saber por dónde empezar.

Pues aquí tenemos algunas ideas para ponernos en marcha hacia una solución nada fácil y dolorosa.

“Transformar la economía global hacia la sustentabilidad, sustento justo, empresas sociales”

Hoy en día la economía impera como la disciplina maestra a la que se subordinan todos los temas. La ecología es considerada un subsistema de la economía. En consecuencia, el medio natural se considera un banco de recursos para las actividades humanas.

Nuestra tarea, en el camino hacia la sustentabilidad, es revertir esta ecuación, considerando adecuadamente que la economía es un subsistema de la ecología. Dentro de este nuevo paradigma, la escala y la forma de las actividades económicas estarían limitadas por la capacidad de carga de los distintos ecosistemas de la Tierra.

Para comenzar el cambio hacia un nuevo paradigma necesitamos antes entender cómo nos metimos en este lío. Sólo así podremos superar el fatalismo tecnocrático que insiste en que no hay alternativa a la globalización neoliberal, y comprender las distintas opciones políticas que sostienen a este sistema tan antinatural e insostenible. Una vez realizado esto, podemos comenzar a determinar qué alternativas necesitamos y somos capaces de desarrollar para crear una sociedad más justa, sostenible y ecocéntrica.

Los últimos 250 años han traído un crecimiento sin precedentes de la actividad económica, consumo, agotamiento de recursos, residuos, crecimiento de la población humana y emisiones de CO2. Durante los últimos 50 años, estas tendencias se han incrementado exponencialmente.

Desde una situación en la que la mayor parte de la producción y el consumo tenían una base local, incluso en los países industrializados del Norte, hemos pasado a una donde, cada vez más, los productos son transportados miles de millas por avión o barco alrededor del mundo. Incluso para productos como la comida, que es perecedera y tiene características culturales y geográficas distintivas; muchos países exportan e importan cantidades casi idénticas de los mismos alimentos, incluyendo la carne y lácteos.

Se estima que, desde mediados de la década de 1970, nosotros, como especie, hemos estado comiendo el capital natural de la Tierra, en vez de consumir el interés anual autorregenerado, como ocurría anteriormente. Es más, si todos los habitantes de la Tierra consumiéramos lo mismo que el estadounidense medio, necesitaríamos los recursos de cinco planetas como la Tierra.

¿Qué podemos hacer?

¿Cómo sería una economía equitativa, resistente y sostenible? ¿Qué tipo de cambios políticos serían necesarios para establecerla? Entre las sugerencias más interesantes en los últimos años están las siguientes:

l Un cambio de paradigma hacia una visión holística del mundo.

l Contracción y convergencia: un modelo creado por el Instituto Global de los Comunes (Global Commons Institute) que pretende asignar a todos los adultos del planeta un mismo derecho de emisiones de efecto invernadero a un nivel sostenible.

l Reestructuración de los impuestos, desviándolos de las personas (impuestos sobre la renta, empleo, beneficios, valor añadido y capital) hacia el uso de recursos y la contaminación (impuestos sobre energía, tarifas de agua, tarifas de congestión de tráfico, impuestos sobre la creación de residuos, etc.).

l Acabar con el apoyo estatal a actividades insostenibles y derrochadoras (apoyos a la producción de energía a gran escala, a la agricultura industrial a gran escala, a la explotación de los combustibles fósiles, a la investigación y el desarrollo para el beneficio de grandes corporaciones, incentivos fiscales para las grandes corporaciones, entre otros).

l Introducción de subsidios para promover actividades sostenibles y favorables para el medio ambiente (agricultura ecológica y a pequeña escala, generación de energía a pequeña escala, ahorro de energía, transporte público y de bajo coste energético, etc.).

l Creación de una renta básica para el ciudadano.

l Formación de redes de comunidades sostenibles.

l Abolición de la deuda internacional.

l Promoción del comercio justo.

l Reforma, abolición o sustitución de las principales instituciones económicas internacionales: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio.

l Introducción de un impuesto global (pagable como si fueran pagos de alquiler, para todos los países) sobre:

– Actividades que contaminan.

– Actividades que usan las comunidades globales, como, por ejemplo: rutas de vuelo, rutas de mar, zonas oceánicas de pesca, minería de los fondos marinos.

– Gastos militares y comercio de armas.

– Comercio mundial.

– Transacciones monetarias internacionales.

En el mundo industrializado necesitaremos encontrar una manera de redefinir. El objetivo es determinar cómo llevar a cabo una transformación en el corazón y en la mente de la gente basada en la valoración exhaustiva del vínculo asumido entre el consumo material y la felicidad.

Actualmente, los incentivos económicos se inclinan a favor de la producción y distribución en masa, y en contra de la producción y el consumo local, basado en el uso de materias primas obtenidas localmente. No obstante, en las condiciones imperantes, es mucho lo que pueden hacer las ecoaldeas y otras comunidades para alimentar y establecer sus propias economías locales.

El modelo de empresa social se ajusta especialmente bien a comunidades locales que busquen impulsar sus economías locales, así como también satisfacer objetivos ecológicos y sociales. Las empresas sociales son un elemento clave del creciente tercer sector de la economía y se sitúan en algún lugar entre los sectores público y privado, buscando combinar los mejores aspectos de ambos. Cubren un amplio rango de estructuras de propiedad y de actividades y se pueden definir como empresas cuyo objetivo primario es obtener un beneficio social o medioambiental y, secundariamente, un objetivo personal.

GEESE (Global Ecovillage Educators for a Sustainable Earth)

Gaia. Educación para el Diseño de Ecoaldeas

Agricultura no intensiva

La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre. Cicerón

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Imagen de zebra7 en Pixabay

Cicerón se refiere a la agricultura no intensiva, es decir a una agricultura autárquica que las personas practican además de otra profesión que es la que declaran como su ocupación principal. Sin embargo, los efectos de practicar una horticultura tranquila y relajada conectan con la tierra y con la naturaleza a la persona, recordándole constantemente de dónde venimos y adónde vamos, haciéndonos mejores y más sabios. La diversidad en la huerta multiplica este conocimiento y sabiduría. Si además añadimos la cría de algunos animales menores, ampliamos nuestro espectro de la vida y ayudamos a ocuparnos de la cría de los microorganismos (con el compostaje), beneficiando al planeta (generando menos efectos contaminantes), a los vecinos (teniendo nuestra tierra limpia), a los animales menores (limpiándolos a diario), a la huerta (aprovechando estas labores para obtener compost, nutrientes para el huerto) y por tanto a nosotros mismos (por tanto. beneficio generado).

Este sistema con mejor o peor éxito existe en Galicia desde hace mucho tiempo. La combinación de una actividad más reglada generalmente en las ciudades con un pequeño huerto aledaño a la vivienda es una situación muy deseable. Cubriendo de esta forma una parte muy importante de las ansias de cada día que es procurarnos alimento. Logrando además aquel dicho de que no hay alimentos mas ricos y buenos que los uno se procura con su trabajo.

Por ello es muy importante tener la curiosidad de mejorar la huerta con las mejores prácticas y diversificar las hortalizas para cumplir con la resultante de la nutrición, comer la máxima variedad posible y la mínima cantidad, evitando especialmente los alimentos que constituyen la proteína animal.

csl.